Hola, soy Lucas, tengo 22 años,

05 Dec 13 - 07:00

Hola, soy Lucas, tengo 22 años, soy de Bucaramanga (Colombia) y la siguiente historia es 100% real, me sucedió el año pasado (2012) y volvería a repetirla un millón de veces.
Su nombre es Julián, tiene 20 años, es delgado y de buen cuerpo (al igual que un servidor) además tenemos la misma estatura (1,75m); uno de los mejores amigos de un antiguo vacile mío, lo que más me gusta de todo esto es que ambos somos muy discretos y bastante varoniles. Esta no es la primera vez que hubo sexo entre nosotros pero pues debo reconocer que sin duda fue la mejor.
Por la tarde me había dicho que su prima se iba de farra (fiesta) con el novio, que se quedaba en casa de él, y que al siguiente día se iban de paseo, así que Julián tenía la casa de la prima para él solo toda la noche. Yo llegué en mi scooter a eso de las 10:00pm, él estaba viendo una película; nos sentamos en sillas separadas y hablamos unos 5 minutos, después me dijo que entrara la moto y cerrara la puerta, lo hice y volví a mi silla y cuando me senté se paró enfrente de mí, bajó su cabeza, me dio un beso y condujo mis manos hasta su entrepierna, yo comencé a acariciar su pene por encima de la pantaloneta, él no quería esperar, se la bajó y empujó mi cabeza hacia su pene (que entre otras cosas, siempre me ha causado curiosidad por su forma, no es un pene de grosor constante, sino que es un poco más ancho en el centro) y yo comencé a chuparlo y hacerlo crecer en mi boca.
Él apagó el televisor y se sentó en el sofá, yo me arrodillé para continuar mamando su vergota; duramos un rato así, ya comenzábamos a sudar así que me dijo: "vamos a la habitación y dejamos la ropa allá", nos levantamos y yo me dirigí a la habitación jalándolo por el pene, cosa que resultó bastante divertida; en ese momento nos miramos con cara de malicia y complicidad y ambos supimos que queríamos divertirnos, reírnos, jugar y hacer cosas raras y nuevas, y que el otro no iba a poner resistencia alguna.
Ya en la habitación nos quitamos la ropa y me empujó sobre la cama, me besó y comenzó a bajar por mi pecho hasta llegar a mi pelvis, me mordisqueó un par de veces y jugó con las zonas del rededor de mi pene causándome ligeras cosquillas antes de engullirse mi paquete por completo (es aquí donde debería exagerar por el tamaño de mi pene, pero no, la verdad es que no es muy grande, los mismos 19 cm que él pero el mío si es de el mismo grueso en toda su extensión), su boca subía y bajaba y su lengua no paraba de provocarme eléctricos espasmos. Me preguntó si me había bañado bien antes de ir, a lo que respondí afirmativamente (incluso, el día anterior me había afeitado bien), me hizo acomodarme de medio lado y abrió mis piernas hasta donde pudo para comenzar a alternar su mamada con lengüetazos en mi culo; se le ocurrió que quería verse haciendo eso e hizo que me parara de lado frente a un espejo enorme y se arrodilló detrás de mí, abrió mis nalgas con sus manos y siguió repasando su lengua por mi agujero, su barba algo corta me raspaba un poco, aumentando el placer que ya me producía.
Sin aviso se levantó y me volteó, me empujó por los hombros y yo entendí lo que pedía, la calentura me hizo bajar rápidamente a clavarme sus 19cm en una sola tragada (cosa que no sé cómo diablos hice), lo escuché gemir de placer y continué haciendo eso varias veces hasta que me dijo que se iba a venir, entonces yo me detuve y subí a besarlo, me preguntó “¿por qué?”, a lo que respondí alegando que no podía dejar que se acabara tan rápido, así que hice que me devolviera el favor, lo empujé por los hombros y él se arrodilló a chupar mi pene de nuevo, pero esta vez me hizo montar un pie sobre un banquillo y aprovechó esa posición para ensalivar sus dedos y comenzar a abrir mi culito; primero un dedo, luego dos, luego tres, combinados con esa mamada tan genial que me daba me estaba sacando unos gemidos que, de no haber estado solos habrían hecho que nos descubrieran.
Yo no pude resistirme más y comencé a hablar: "ya no aguanto más, métemela, cógeme, clávame tu verga ya!!"; esas obscenas y lujuriosas frases lo encendieron más y se levantó, me abrazó y mientras lo hacía sus manos abrían mis nalgas para darle paso a sus dedos, que siguieron jugando dentro de mí (ya había perdido la cuenta de cuantos llevaba).
Entre besos y sus dedos abriendo al máximo mi culo me arrastró hacia la cama se recostó en ella sin sacarlos, me hizo subir sobre él, me indicó donde estaba el lubricante, unté mi agujerito, le unté su verga y cuanto terminé de hacerlo el me soltó la cola y me agarró de la cadera forzándome a bajar y clavarme todo el largo de su pene en el primer intento. Pensé que me iba a doler, debido al grosor, pero al parecer había hecho un excelente trabajo de dilatación y mi calentura y deseo estaban haciendo su parte también; cuando sentí que estaba todo adentro solo pude gemir y decir “SIIII!”; el preguntó “¿te gusta?”, a lo que yo le respondí con un beso y un "¿se nota?", y su cínico morbo habló, "¿era esto lo que querías verdad?", yo no dudé en seguir su morboso juego y un "tú sabes que sí" fue mi respuesta.
Acabada esta conversación apretó mi cintura y comenzó a hacerme subir y bajar a su antojo, sacando completamente su pene y haciendo que me clavara hasta el fondo en un solo empujón; cada embestida provocaba una oleada de choques eléctricos que hacía que arqueara mi espalda, cosa que el aprovechaba para manosearme y golpear mis nalgas (oh, como me gusta que me manoseen la espalda y las nalgas), elevando aún más la calentura.
Yo me cansé de estar así y me dijo que tenía ganas de hacer algo, entonces comenzamos, literalmente, un tour por toda la casa: fuimos a la sala y me recostó en el sofá boca arriba abrió mis piernas y me metió su verga de un solo golpe, mis gemidos, cada vez más fuertes, fueron ahogados por su mano mientras me decía "gime y grita todo lo que quieras que yo te tapo la boca, tú sabes que me encanta oír como disfrutas de mi verga". Nos fuimos luego a donde estaba la moto, literalmente nos subimos, yo como conductor y él como pasajero, fue divertido, ya habíamos jugado a eso estando con ropa mientras dábamos un paseo y habíamos quedado en que teníamos que hacerlo en serio, esa fue la oportunidad; el sillón de mi scooter es bastante ancho, por lo que ambos tuvimos que abrir bastante las piernas para estar cómodos y eso facilitó que yo pudiera moverme libremente arriba y abajo haciendo que su pene entrara completamente en mi agujero y saliera hasta la punta solo para volver a entrar hasta el fondo y mover mi culo en círculos y curvas aumentando esa deliciosa sensación de estar “clavado en la moto”. Luego fuimos a la otra habitación (una casa modesta de dos habitaciones muy grandes) me arrodilló en la alfombra que había en medio de dos camas y me hizo hincarme hasta que mi culito quedó totalmente expuesto a su voluntad, en frente había un espejo de cuerpo entero que nos reflejaba perfectamente, así que me tomó por la cintura y embistió su verga tan fuerte como pudo (o al menos eso indicaron sus gemidos de macho), como no podía ver mi cara a través del espejo me tomó del cabello y me jaló por el cabello hacia atrás, haciendo que mi espalda dibujara un arco muy pronunciado, eso me excitó más y, por alguna razón, mi reacción al ver tal imagen en el espejo fue abrir cada vez más mis piernas para facilitar la entrada de su verga en mi culo y disfrutar cada centímetro con cada uno de sus movimientos, entonces comencé a decirle "sigue, sigue, más rápido, no pares, dame, así, sigue", y él ni corto ni perezoso obedecía agresiva y fuertemente a mis mandatos, hasta que de repente sentí un abrupto vacío en el interior.
Lo busqué en la habitación y no estaba, lo escuché llamarme desde la cocina, me dijo "quiero intentar algo que nunca he hecho", así que sacó agua helada del congelador, y la vertió en una taza, metió su pene y esperó a que estuviera lo suficientemente frío, me lo mostró y me preguntó "¿quieres?", yo no pude evitar reírme a carcajadas y contagiarlo de mi risa, lo besé en señal de aprobación, él me abrazó, solo para deslizar sus manos hacia mis glúteos, apretarlos con fuerza, aferrarse a mi nalga derecha y darme media vuelta; me hizo apoyar en el mesón y mientras me besaba la espalda y acariciaba mis nalgas, fue metiendo su verga muy muy helada lenta y morbosamente, se sentía muy extraño pero no dejaba de ser placentero, se movía suavemente y el frío hacía que me temblaran las piernas; en medio de la cocina había una mesa y me dijo "súbete", mientras yo obedecía el volvió a sumergir su pene en el agua helada, me recosté boca arriba y el abrió nuevamente mis piernas guiándolas con sus manos hasta formar una enorme V con ellas y comenzar un mete-saca muy lento, no por miedo a lastimarme o a que me sintiera extraño, sino porque, según sus propias palabras, estaba disfrutando la vista, me tenía sobre una mesa, con mis piernas bien abiertas, mi culo expuesto y su pene entrando y saliendo lentamente de allí, el morbo lo tenía invadido y su cara era deliciosamente lasciva, no podía ser mejor.
Dejó el agua y me dijo “ven”, fuimos al patio de la casa, me preguntó si me atrevía (la verdad es que lo pensé por un momento ya que se trataba de un patio abierto que se veía desde las ventanas de las segundas plantas de las casas de los lados, pero el morbo y la oscuridad de la noche me hicieron ceder), mi respuesta fue clavarme en su pene y agarrarlo por la espalda para así arrastrarlo; llegamos al centro del patio, allí en el lavadero comenzó a moverse de nuevo, primero suave, luego más rápido y de repente comenzó a besar mi cuello y mordisquear mi espalda, eso me subió la calentura y fui yo quién aceleró el paso, comencé a moverme frenéticamente y a clavarme con más fuerza y de manera más salvaje en su verga, él me tenía abrazado por el pecho y el cuello; no podía más, sentí que algo caliente invadía mi interior, se estaba viniendo en mi culo, aceleró sus embestidas e imprimió más fuerza, bajó su mano hasta mi verga y comenzó a masturbarme, no tardó mucho, unos cuantos segundos y tubo que tapar de nuevo mi boca ya que uno de los mejores orgasmos de mi vida me estaba sacando muchos y ruidosos gemidos.
Se suponía que era todo, sin embargo ninguno de los dos se detenía, mi pene seguía erecto y el de él ni hablar; me lo sacó y me volteó, nos besamos con fuerza, nos miramos y entendimos que no podíamos detenernos allí, debíamos seguir en la cama. 
Nos fuimos de nuevo a la habitación casi corriendo, me recosté y el abrió mis piernas de nuevo, su pene entró con absoluta facilidad y comodidad, siguió moviéndose y yo seguí masturbándome, el placer que ambos sentíamos era tal que no tardamos mucho para que él acelerara de nuevo el paso y me taladrara como si se le fuera a acabar la noche, yo sentía que volaba de placer y su cara me indicaba que se venía por segunda vez; me agarró ambas manos y las llevo a su espalda y se echó encima de mí, mi pene había quedado atrapado entre su abdomen y el mío y el sudor de nuestros cuerpos hacía que se deslizara entre ellos dándome oleadas de placer con cada movimiento, sus embestidas se aceleraron al punto en que empecé a sentir choques eléctricos en mi culo, mi pene, mi espalda, mis piernas y todo mi cuerpo mientras nuestros abdómenes se llenaban de mi leche y no pude evitar que tan grande orgasmo me hiciera gritar, pero a él no le importó, pues también gritó mientras su espalda se arqueaba, sus ojos se blanqueaban, sus manos me apretaban, su pene se enterraba hasta el fondo de mi culo y él se venía de nuevo dentro de mí.
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Nos relajamos, él sacó muy despacio su pene de mi culo, nos reposamos, nos reímos, jugamos un rato, contamos chistes, reconocimos que habíamos hecho cosas que no habíamos intentado antes con nadie... nos recostamos y antes de quedarnos dormidos fuimos al baño a asearnos, retiramos las sábanas llenas de sudor y nos abrazamos nuevamente mientras en medio de la oscuridad y el silencio de la habitación yo veía la lucecita del reloj que indicaba la hora… era la 01:30 de la mañana

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